Opinión
Artículo de opinión de María Luisa Soriano, diputada regional del PP por Ciudad Real




mara_luisa_soriano_ciudad_real_220311.jpg28 marzo 2010.- Convendría, al definir la nueva Política Agraria Comunitaria (PAC), tener muy en cuenta que el detonante de la oleada de protestas en el norte de África fue la subida de los precios de los productos alimenticios básicos y que, según la FAO, en los últimos meses, se han producido siete subidas encadenadas que han marcado un nuevo record, por encima, incluso, de las cifras registradas durante la crisis alimentaria de la primavera del año 2008, que causó graves revueltas en 40 países y condenaron a la hambruna a más de 130 millones de personas.

 
 
 
 
 
Dicen los propios economistas de la FAO que las expectativas no son muy halagüeñas, ya que, según apuntan, se espera que estos precios altos persistan en los próximos meses. A la vez, el Finantial Times pronostica que si el coste de los cereales, que constituyen la materia prima de la alimentación en los países pobres, continúa elevándose, habrá más algaradas.

En el mundo hay dos tipos de países. Por un lado están los que determinan los acontecimientos y, por otro, los que, como pueden, se adaptan a ellos una vez que han ocurrido.

Advertía recientemente Jaime Lamo de Espinosa sobre las reuniones que han mantenido el Senado francés y el Bundestag alemán para fijar acuerdos y mantener posturas comunes en las negociaciones sobre el futuro de la PAC. La agricultura de ambos países es muy distinta de la española y su peso en la Unión Europea es considerable, por lo que es lógico, aunque no deseable para nosotros, que quieran ser ellos los que determinen los acontecimientos. Pero ya que, en España en general, e incuestionablemente en Castilla-La Mancha en particular, la agricultura y la ganadería son tan influyentes económica y socialmente, no podemos permitir que nadie nos marque los referidos acontecimientos.

Decía Jovellanos que “la agricultura es el arte que enseña virtud al hombre y es la base de la opulencia de todas las naciones”. Por eso, porque hoy el mundo pide pan y porque la agricultura es la herramienta natural que con más precisión manejamos en Castilla-La Mancha, necesitamos defender con pasión que la futura PAC garantice un sistema de apoyo de alto nivel a nuestro campo.

Lo que para el Partido Popular es objetivamente preocupante es que, en un asunto de tanta trascendencia, sigan brillando por su ausencia tanto la ministra de Zapatero como el consejero de Barreda. Hace tiempo que tendrían que estar batiéndose el cobre trabajando sobre la nueva PAC que necesitamos, pero, inexplicablemente, ni siquiera han servido para definir la postura española y castellano manchega. Su apática actividad no va más allá de alguna generalidad sobre el asunto y dan la impresión de que, inadmisiblemente y muy a nuestro pesar,  han asumido que España y, muy particularmente Castilla-La Mancha, pertenecen al segundo grupo, o sea, a los países que se tienen que adaptar a los acontecimientos.

Aunque después de la desvergüenza de aquel histórico brindis que hicieron para “celebrar” la nefasta reforma de la OCM del vino, todo lo que podemos esperar de la ejecutiva de Barreda son sus ingentes inversiones en propaganda con la que, día tras día, incansablemente, nos bombardea con la metralla de las supuestas excelencias del régimen socialista.




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