Opinión
Artículo de opinión de María Luisa Soriano, diputada regional del PP por Ciudad Real

mara_luisa_soriano_060410.jpg11 enero 2010.- Tuvo Barreda la posibilidad de felicitar las Navidades ofreciendo el discurso más trascendente de su vida política, pero, de nuevo, y esto en él es una costumbre, no estuvo a la altura. No supo ser la voz de la región en uno de los momentos más complicados en la vida de muchos castellano manchegos. En concreto, no supo ser la voz de los 205134 hombres y mujeres que están en paro.

 
 
 
 
 
En la extraordinaria película de Tom Hooper, El discurso del Rey, Jorge VI pregunta dónde reside el poder de un monarca, a lo que él mismo se contesta diciendo que la nación cree que cuando un rey habla, lo hace por ella. Así debería haber sido el discurso de Barreda: un mensaje que diese, aunque solo fuera mínimamente, esperanza a quienes han perdido su trabajo o viven con la incertidumbre de perderlo. Pero exigir tal demostración del sentido del deber sólo se les puede hacer a líderes capaces de anteponer el interés general al suyo propio.

El mensaje navideño de Barreda fue un mitin político que, además de simplón, plúmbeo y embarullado, estaba repleto de espejismos propagandísticos con los que trataba de esconder la resignación, la impotencia y la incapacidad de su Gobierno para generar una inflexión definitiva en la evolución de los problemas de Castilla-La Mancha.

Habló como no es imaginable que pudiera hacerlo un presidente que, por haber sido miembro del gobierno regional durante más de 30 años, no tendría más remedio que reconocer que es el causante del atraso que tenemos en la región. No fui capaz de dar crédito a lo que estaba oyendo cuando, como si la situación que tenemos en la región fuese un mal menor, siendo realmente lo peor que nos ha podido ocurrir, terminó su discurso preguntando: “¿Se imaginan lo que hubiera pasado si a la crisis se le une el desamparo de las familias?”.

En vez  de reconocer su responsabilidad política, se dedicó a jugar con los sentimientos de los ciudadanos y a asustar a la población con males aún mayores de los que ya está soportando.

Los principios rectores de la política social y económica recogidos en la Constitución Española indican, en el artículo 39, que los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia. Que el presidente de Castilla-La Mancha en su mensaje de Navidad se dedicase a encoger el corazón de los ciudadanos es sintomático de que es un  presidente que está amortizado, incapaz para dirigir nuestra región, con un Gobierno del que sólo salen políticas sujetas por hilos a punto de romperse y que, como los malos toreros cuando tienen que terminar la faena porque les suena el clarín de aviso, sin ton ni son, se dedican a dar estocadas que clavan sin apuntar y, lo que es peor, sin importarles el daño que hacen.

Nueve minutos y cincuenta y dos segundos duró el mensaje de José María Barreda y los dedicó a falsear la realidad. María Dolores Cospedal, en solo cincuenta y nueve segundos, habló de esperanza e ilusión. Habló de esfuerzo y de trabajo para que, dentro de un año, estemos mejor que ahora y se acordó de todos aquellos que, porque no tienen trabajo, no lo están pasando bien.




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