Opinión
Enrique Belda


enrique_belda.jpgCuántas veces las miserias humanas aparecen en trabajos o relaciones con la finalidad de dinamitar el crédito de quien circula por buen camino. Tenemos en Ciudad Real una alcaldesa, la primera mujer que llega a esa función pública y lo hace con menos de cuarenta años, que encabeza un equipo muy experimentado y compacto donde las cosas funcionan como un reloj. La ciudad, escasa de ingresos como las demás de España, y sin ayudas autonómicas y provinciales, no deja de mejorar a cada momento, ofreciendo el mejor aspecto y calidad de vida. En fin, que Rosa Romero puede perfectamente repetir varios mandatos más cuando, encima, los vientos soplan a favor del partido que la avala.

 
 
 
 
 
Algunos debieron ver esa evidencia y un incremento de la mayoría absoluta en las próximas elecciones de mayo de 2011, y azuzaron contra ella una campaña de desprestigio donde más duele, en el ámbito familiar, para intentar así ganar lo que la oposición no ha avanzado en quince años. Gran error sobre todo si las denuncias vienen de personas con menos crédito que el nutricionista de Monserrat Caballé. Pero la basura ya está en el aire, y con pleitos de por medio se pretende que huela un tiempo.

Internet está terminando con el monopolio de medios de comunicación de los que mandan, y eso favorece a los falsamente denunciados por el poder o sus allegados. Pero también genera una indefensión brutal al distorsionar la diferencia entre la libertad de información y la libertad de expresión. Por la primera, el medio de comunicación está obligado a cierta responsabilidad y contraste de las noticias, pero por la segunda, la libertad de expresión que todos tenemos y no sólo los informadores, cualquiera puede ahora acceder a chats, blogs, comunidades virtuales y al propio espacio de los diarios digitales, para soltar barbaridades e insultos de cualquier otra persona (sea político o cura, e incluso sea famoso o desconocido). De esa forma, las campañas orquestadas se pueden magnificar y se desdibuja la autoría de los insultos, calumnias o difamaciones.

Los profesionales de los medios de comunicación y los administradores de los foros de opinión, deben trasladar la responsabilidad de la publicación, que se exigía hasta ahora en aras a garantizar una información veraz, a las muestras de libertad de expresión que, por la facilidad de la red, se terminan confundiendo con información contrastada. El respeto al derecho al honor, la dignidad personal y familiar, y la propia imagen; vale para todos, servidores públicos incluidos. Por tanto, una cosa es que existan irresponsables, que siempre los habrá, en el juego político o en la competencia empresarial, mercantil o de cualquier índole; pero otra, es que se amplifiquen las consecuencias de esos comportamientos dando un velo de seriedad periodística a la mera venganza u opinión malsana.



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